0

Como cualquier sistema vivo, la organización no está exenta de enfermedades. Cuando sus defensas bajan y sus miembros colapsan, es normal que presente síntomas de anemia. Sí, una anemia organizacional. Lo bueno es que para todo hay solución
Desde el punto de vista médico, la anemia es la “Disminución de la cantidad de hemoglobina en la sangre (encargada de transportar oxígeno a los tejidos) por debajo de los valores considerados normales, según edad, sexo o circunstancias especiales”.
Existen algunos síntomas para identificarla: dolor de cabeza, mareos, vértigo, palidez. Sin embargo, persisten indicios comunes: el cansancio continuado, la apatía, la tensión baja,…
¿Una organización con anemia?
Eugenio de Andrés, en su artículo Cómo sanar la anemia organizacional, expone que según Javier Fernández Aguado y los coautores del libro “Las enfermedades de las empresas: Diagnóstico y Tratamiento”, las empresas también pueden padecer de anemia, que desde un punto de vista organizacional podría definirse como: “Disminución del compromiso en la organización, auténtico factor de apalancamiento del talento, que según Dave Ulrich (Univ. de Michigan) se define como el producto de “competencias” (conocimientos, experiencias y habilidades) por “compromiso” (motivación), dando lugar a resultados mediocres”.
Simplificadamente, se podría decir que de esta falta de compromiso en la organización deviene la apatía organizacional.
¿Cómo identificar la anemia organizacional?
Atendiendo los siguientes síntomas: desgana, trabajo de escasa calidad por debajo de lo esperado, rumores y murmuraciones, absentismo, rotación, impuntualidad recurrente, malas contestaciones de los empleados, ausencia de sentido del humor, mínimo nivel de comunicación…
Si la situación de su empresa se identifica con algunos de estos síntomas, entonces puede que ella esté sufriendo de anemia o apatía. Fernández Aguado identifica más de 20 posibles orígenes de esta enfermedad, pero aquí sólo se mencionarán los más comunes:
• Falta de cumplimiento de las promesas laborales.
• Insatisfacción por las políticas retributivas; sensación de injusticia.
• Incoherente asignación de las personas a los puestos.
• Falta de reconocimiento.
• Modelo directivo desmotivador.
• Modelo empresarial que no tiene en cuenta al trabajador de una manera integral.
• Falta de modelo coherente de comunicación.
• Exceso de pragmatismo y rutina, no teniéndose en cuenta aspectos “emocionales”.
Tratamientos:
El primer paso es reconocer que algo está fallando en la empresa y que sus máximas autoridades tengan el firme propósito de empezar a ahuyentar lo negativo.
Probablemente en el mundo de la empresa será necesario combinar varios tratamientos/actuaciones, ya que el origen de la enfermedad será plural, no habrá una única causa que ocasione la enfermedad, sino que su principio estará identificado en distintos focos.
A continuación, algunos procedimientos:
• Diseño de políticas de retribución “externamente” competitivas e “internamente” equitativas.
• Diseño de políticas de conciliación.
• Diseño de un modelo de dirección que favorezca una cultura de compromiso.
• Una de las principales, por no decir la primera causa de insatisfacción de los trabajadores es el tipo de relación con el jefe directo.
• Implementación de un modelo directivo (a través de manuales, definición de comportamientos, entrenamiento,…), que favorezca el mutuo compromiso de la empresa con el trabajador y del trabajador con la empresa.
• Diseño de un plan de comunicación interna.
• Propiciar la indentificación de los empleados con la identidad de la empresa, a través de una buena gestión de comunicación interna.
• Jornadas de convivencia que den lugar a un clima más informal y distendido a las relaciones (Outdoor Training y Team Building), cuidar los pequeños detalles (muchas veces el compromiso tiene más que ver con cosas aparentemente insignificantes como una sonrisa, una palabra amable, una broma… que con grandes decisiones).
Con buena comunicación y confianza, es posible una satisfactoria recuperación.
Unidades activas de comunicación
Posted on : 04-03-2009 | By : María Villavicencio | In : Uncategorized
1

Una organización bien comunicada es concebida como eficazmente rentable, situación que afecta positivamente su reputación en el mercado. Por esta razón, Benito Pérez, en Evento Blog España, manifiesta que una empresa es una unidad activa de comunicación (uac), y propone la siguiente secuencia:
empresa bien comunicada = empresa eficiente = empresa bien reputada?
Sin embargo, se presenta una paradoja. Si las empresas toman como base la comunicación, ¿por qué ésta suele ser tan descuidada por sus integrantes
Actualmente, utilizamos desde el teléfono y la computadora hasta la comunicación interpersonal para transmitir mensajes, que nos ayudarán a conseguir un fin determinado. Esto es comunicación, y la empresa necesita de este entramado de redes y mensajes para existir.
Es importante que la empresa sea una unidad activa de comunicación porque así se conecta más hacia dentro y hacia afuera; lo que provoca que mejore su ambiente laboral y se experimente el uso de nuevos medios para alcanzar sus objetivos.
Castro señala que “competir significa saber comunicar”. La empresa como marca debe buscar su posicionamiento a través de los medios tradicionales y de los participativos. Aplicando nuevos métodos, la empresa se reinventa y seguramente se verá obligada a cambiar su forma de hacer las cosas en nombre de la innovación. Solo hay que perder el miedo.
Gestión del nuevo marketing político en Ecuador
Posted on : 03-03-2009 | By : María Villavicencio | In : Uncategorized
1
Por cierto, Nebot hasta ahora lleva más de 6,200 partidarios en Facebook. Sobre este y otros casos de política ecuatoriana en Facebook, diario El Universo publicó un artículo interesante.
Sin duda, en tiempos de campaña, la gestión de la comunicación digital se intensifica. Por lo menos, el fenómeno Twitter es la gran moda entre la clase política de EE.UU., según Yahoo Noticias.
Apocalípticos e integrados, versión 2.0
Posted on : 17-02-2009 | By : María Villavicencio | In : Internet, TIC's, Uncategorized
Etiquetas: Internet, TIC's
0

Al leer el post “Innovaciones en comunicación”, de Cristina Aced, todo me remitió a Umberto Eco. En su texto “Apocalípticos e integrados” (1965), presenta las opiniones de dos grupos acerca de la cultura de masas: los apocalípticos, aristócratas que luchaban contra la masificación de la cultura, y los integrados, aquellos que defendían al extremo la cultura de masas, creyendo que la multiplicación de los productos culturales era buena en sí misma.
En el siglo XXI, los apocalípticos e integrados regresan pero en versión 2.0.
Los apocalípticos contemporáneos ven en las nuevas tecnologías armas para la manipulación, enajenación y fomentación de una anticultura. La resistencia hacia ellas es tan grande que prefieren seguir utilizando los canales de comunicación convencionales hasta el agotamiento. La innovación se convierte en miedo.
Nuestros integrados actuales viven en la vanguardia: ven videos en You Tube, tienen sus fotos colgadas en Flickr, toman el Twitter como su diario de anotaciones, compran ropa en Mercado Libre, llaman por Skype, se enamoran por Hi5 y tienen cientos de amigos en Facebook a los cuales apenas conocen.
Si bien la ruptura del viejo modelo tradicional de la comunicación dejó a más de un apocalíptico desorientado, no todo lo que trajo consigo es tan aterrador.
Se puede sacar provecho a la rapidez, alcance y economía que las nuevas tecnologías proveen, ajustando los contenidos que se disparan a través de los medios convencionales y van a parar a la basura.
No se trata de desechar la tradición, se debe procurar no vivir solo de ella.
La crisis económica actual está obligando a las empresas a ser más creativas, porque ahora la pelea no es por posicionarse en el mercado, sino por lograr más ventas directas. Y en esto, las nuevas tecnologías se presentan como aliadas para llegar a más personas en nichos no explorados todavía, de una manera barata, original y autónoma.
Se ve necesario cambiar el discurso apocalíptico. Es hora de integrarse a los cambios re-creando nuestro modo de hacer cultura.







